sábado, 4 de julio de 2015

||<< Santifícalos en tu verdad >>||

(Lecturas: Charles H. Spurgeon).
☆ Leer: Juan 17:17 ☆

La santificación empieza en la regeneración.

El Espíritu de Dios infunde en el hombre, aquel nuevo principio vital por el cual llega a ser una "nueva criatura" en Cristo Jesús.

Esta obra que empieza en el nuevo nacimiento, prosigue en dos modos: por la mortificación, mediante la cual las concupiscencias de la carne son dominadas  y sujetas; y por la vivificación, por la cual la vida que Dios puso en nosotros será transformada en una fuente de agua que salte para vida eterna.

Esta obra prosigue día a día en lo que se llama "perseverancia", en virtud de la cual el cristiano es preservado y conservado en estado de gracia y se le hace abundar en buenas obras para alabanza y gloria de Dios; y, por fin, esta obra alcanza su perfección en la gloria, cuando el alma, completamente purificada, es llevada a habitar a la diestra de la Majestad en las alturas, con los santos.

Pero aún cuando el Espíritu de Dios es, como acabamos de decirlo, el autor de la santificación, hay sin embargo, una agencia visible que no debe pasarse por alto.

"Santifícalos"- dice Jesús- "en tu verdad; tu palabra es verdad".

Son muchos los pasajes de la Sagrada Escritura que prueban que la palabra de Dios es el instrumento de nuestra santificación.

El Espíritu de Dios lleva a nuestra mente los preceptos y doctrinas de la verdad y los aplica con poder.

Estos preceptos escuchados con el oído y recibidos en el corazón, obran en nosotros el querer y el hacer por la buena voluntad de Dios.

La verdad es la que santifica, y si nosotros no oímos o no leemos la verdad no creceremos en santificación.

Sólo progresamos en la vida perfecta cuando progresamos en el conocimiento perfecto.

"Lámpara es a mis pies tus palabras y lumbrera a mi camino".

No digas del error: "Es sólo asunto de opinión".

Ninguno consiente un error de opinión sin que tarde o temprano tolere un error en la práctica.

Echa mano de la verdad, pues haciéndolo, serás santificado por el espíritu de Dios.

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||<< Carta desde la batalla >>||

(Por David C. McCasland)
☆ Leer: 2 Timoteo 4:1-8 ☆
"He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe (v. 7)".

Durante más de dos décadas, Andrew Carroll ha incentivado a la gente a no tirar las cartas escritas durante la guerra por familiares o amigos.

Como director del Centro de Cartas de Guerra de los EE.UU. de la Universidad de Chapman, en California, las considera un lazo irreemplazable para unir familias y fomentar el entendimiento.

Declaró: «Las generaciones más jóvenes están leyendo estas cartas, formulando preguntas y diciendo: “Ahora entiendo lo que soportaste y sacrificaste”».

Cuando Pablo se encontraba preso en Roma y supo que iba a morir, le escribió una carta a un joven a quien consideraba su «hijo en la fe»: Timoteo.

Como un soldado en la batalla, le abrió su corazón, al decir: «el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Timoteo 4:6-8).

Cuando leemos en la Biblia las cartas que nos dejaron los héroes de la fe cristiana y entendemos cuánto sufrieron por amor a Cristo, eso nos anima a seguir su ejemplo y a fortalecernos para beneficio de las generaciones futuras.

● Señor. Danos fuerza para enfrentar hoy las batallas espirituales. La victoria es tuya!

>> Corre la carrera con la eternidad en vista.

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