martes, 14 de julio de 2015

||<< No digamos adiós >>||

(Por Randy Kilgore)
☆ Leer: Filipenses 4:1-9 ☆
"Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced…" (v. 9).

Francis Allen me guió a Cristo, y ahora estaba llegando el momento en que él vería al Señor cara a cara. 

Yo estaba en su casa y se acercaba la hora del adiós. Mi idea era decir algo memorable y significativo.

Estuve casi una hora junto a su cama. Se rio a carcajadas de las historias que le conté sobre mi vida.

Después, se cansó, se puso serio y ocupó su energía en limar algunas asperezas que aún veía en mí.

Yo escuchaba, aunque también pensaba en cómo despedirme.

Antes de que tuviera oportunidad de hacerlo, dijo: 
«Randy, recuerda lo que siempre te he dicho.

No hay nada que temer de la historia de la vida porque sabemos cómo termina.

No tengo miedo.
Ahora, vete y haz lo que te enseñé».

Aquellas palabras desafiantes me recordaron las de Pablo a los creyentes filipenses: «Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced» (Filipenses 4:9).

Ese último día, el brillo en la mirada de Francis era igual al que vi en sus ojos el día que lo conocí.

No había temor en su corazón.

Por eso, muchas de las palabras que escribo, las historias que narro y las personas a quienes sirvo son tocadas por Francis. 

Mientras estemos en este mundo, recordemos siempre a aquellos que nos animaron espiritualmente.

¿Quién ha sido tu mentor/a? ¿Estás orientando a otras personas?

Vive de modo que, cuando te conozcan, quieran conocer a Cristo.

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||<< ¡Me canso mucho! >>||

☆ Lectura: Isaías 40:18-31 ☆

Alguien me confió que se estaba sintiendo culpable.  

Me dijo: “A pesar de que soy creyente, ¡me canso mucho!  Al estudiar las Escrituras me encontré que el pueblo de Dios a veces sufría de fatiga y hasta de agotamiento".

No obstante, la Iglesia de hoy no parece dispuesta a admitir eso.

En nombre de una vida cristiana victoriosa, algunos consideran que la fatiga física es resultado de no confiar, ni obedecer a Dios y esta puede ser una de las razones.

Sin embargo, según Isaías, nuestro Creador espera que sus criaturas finitas se fatiguen de vez en cuando.  

Él promete renovar nuestras fuerzas si esperamos en Él (Isaías 40:30-31).

También entiende que nuestra necesidad de fortaleza, al igual que nuestra necesidad de alimentos, no es algo para lo que debe proveer una sola vez y para siempre.

Nuestra opción no es si vamos a fatigarnos o no, sino porque vamos a fatigarnos.

En mi caso personal padecí agotamiento físico durante un largo periodo de tiempo debido a la ansiedad, el temor y la amargura.  

Gracias al Señor, estos sentimientos negativos ya no me dominan.  Pero todavía me canso mucho por que estoy involucrado en muchas tareas para la obra del Señor y por mi deseo de vivir fielmente como siervo de Cristo.

Hazte una “prueba de fatiga”.

Si tu fatiga se debe a razones erradas, busca humildemente la amante corrección de Dios.

Si tu fatiga se debe a buenas causas, pídele a Dios que te renueve las fuerzas y por qué no, puede ser que debas enfocarte en los ministerios donde tu servicio es más efectivo, recuerda en ocasiones caemos en “activismo”, y no medimos la efectividad de nuestros esfuerzos.

No tienes que sentirte culpable por tu cansancio, busca la causa y actúa.

La fortaleza de Dios es directamente proporcional a nuestra fatiga.

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