lunes, 27 de julio de 2015

||<< No es suficiente...pon tu corazón >>||

(Por Shirley Chambi).
☆ Leer: Mateo 25:34-40 ☆

Recientemente vi un video en la Universidad, sobre la vida de un hombre alcohólico, desde su inicio hasta su muerte.

Lo que me pareció interesante es que en un momento de su historia, este hombre había asistido a una iglesia cristiana, y entregó su vida a Cristo. 

Durante este tiempo dejó el alcohol, sin embargo como no tenía que comer, ni alguien que se preocupe por él, se rodeó de unos "amigos", quienes lo llevaron nuevamente al vicio que le ocasionó su muerte”.

Habría sido un gran testimonio para todos los estudiantes de la Universidad saber que aquel hombre restauró su vida al convertirse, pero lastimosamente, faltaban personas que tengan el corazón de Dios, que se pongan en su lugar y lo ayuden.

Aquel hombre no solo necesitaba de alguien que le predicase, o le diese palabras de aliento, sino de una persona que se preocupara por él, que lo ayudara proporcionándole el alimento necesario, alguien que lo visitara y le compartiese con él.

"Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". - Mateo 25:34-40.-

Cada vez que ayudas a alguien, toma en cuenta que estás haciendo algo para Jesús.

Si conoces a alguien que está pasando por alguna  necesidad, quiero decirte que no es suficiente que le hables de Jesús. Debes demostrar el amor y la misericordia de Dios por medio de tus actos.

Recuerda que nosotros somos las manos y los pies de Dios físicamente aquí en la tierra, y ellos lo conocerán por medio de ti.

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos".
- Mateo 9:36-37.-

Tener el corazón de Dios es tener misericordia y compasión por otros, como Dios mismo lo tuvo por nosotros.

Misericordia es poner el corazón en la necesidad del otro, significa preocuparse y ayudar como si tú mismo estuvieras viviendo ese problema.

Hay mucho trabajo, la necesidad ha crecido en gran medida y lamentablemente son pocos los que realmente han entendido este llamado…

Jesús siempre estaba rodeado de personas que tenían necesidad y ¡Está esperando que cumplas con esta misión! 

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||<< Un corazón consagrado >>||

(Por acharles)
☆ Leer: 2 Cr. 17:1-11;20:32 ☆
"… haciendo lo recto ante los ojos del Señor (20:32)".

Un exitoso empresario cristiano nos compartió su historia en la iglesia.

Fué sincero sobre sus luchas con la fe y su gran riqueza, y declaró: «¡La riqueza me asusta!».

Citó la afirmación de Jesús: «es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios» (Lucas 18:25), y mencionó la historia del rico y Lázaro, en Lucas 16:19-32, en la que el rico termina en el infierno. 

La parábola del «joven rico» (Lucas 12:16-21) también lo perturbaba.

Pero, después, este empresario declaró: «He aprendido una lección de la conclusión de Salomón sobre la abundancia de riquezas: todo es “vanidad”» (Eclesiastés 2:11).

Salomón decidió no permitir que la riqueza se interpusiera en su devoción al Señor.

Su deseo era servirlo con sus bienes y ayudar a los necesitados.

A través de los siglos, Dios ha bendecido materialmente a algunas personas.

En 2 Crónicas 17:5, leemos sobre Josafat: «El Señor […] confirmó el reino en su mano […] y tuvo riquezas y gloria en abundancia».

Pero el rey no se enorgulleció, porque estaba consagrado de corazón al Señor (v. 6; ver también 20:32).

El Señor no está en contra de la riqueza, pero sí se opone a adquirirla de manera incorrecta y usarla mal.

Él es digno de la devoción de todos sus seguidores.

La gratitud genera satisfacción.

¿Por qué estás agradecido?

Con o sin riquezas, un corazón consagrado agrada a Dios.

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