miércoles, 15 de julio de 2015

||<< Personas como nosotros >>||

(Por Philip Yancey)
☆ Leer: Mateo 9:35-38 ☆
"Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (v. 38).

A finales del siglo XIX, William Carey sintió el llamado a viajar a la India como misionero, para compartir la buena noticia de Jesús.

Algunos pastores se mofaron, diciendo: «Joven, si Dios quiere salvar [a alguien] en India, ¡lo hará sin tu ayuda ni la nuestra!».

No entendían el concepto de la coparticipación.

Como participantes en la obra del Señor en este mundo, insistimos en que se haga su voluntad, pero, al mismo tiempo, nos comprometemos a hacer lo que Él requiera de nuestra parte.

«Venga tu reino. Hágase tu voluntad», es lo que Jesús nos enseñó a orar (Mateo 6:10). Estas palabras no son una calmada petición, sino una santa demanda.

¡Danos justicia!
¡Endereza el mundo!

El papel de Dios y el nuestro son diferentes.

Nuestra función es seguir los pasos del Señor, llevando a cabo su obra mediante nuestras acciones y plegarias.

Tomando prestada la metáfora de Pablo en Colosenses 1:24, somos el cuerpo de Cristo en la Tierra. 

Cuando somos misericordiosos con los que sufren, estamos alcanzándolos con las manos del propio Señor.

● Señor, tú nos has llamado amigos. Aunque sea con una pequeña acción, ayúdanos a mostrar tu amor a este mundo dolido, para que muchos te conozcan.
Amén! 

«Espera grandes cosas de Dios; intenta grandes cosas para Dios» (William Carey).

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||<< Necesitas ver el cuadro completo >>||

☆ Lectura: Isaías 45:1-13 ☆

Un reportero de una prestigiosa revista le preguntó a una niña de 7 años lo siguiente: “¿Quién es Dios?”

La niña contestó:
“Dios hace el clima… nos da regalos como los árboles y la grama, pero hay un que nos da que no me gustan: como las guerras.

Pero además – continúo la niña – Dios como que no siempre es bueno, porque una vez hizo está máquina donde uno trata de sacar un peluche; no nos dio suerte y gastamos 4 dólares”.

En su manera infantil, la pequeña niña estaba tratando de entender los caminos de Dios.

Reconocía Su bondad, pero no podía encajarla en la realidad de las guerras humanas, ni en los cuatro dólares que gastó, porque no tuvo “suerte”.

La niña no podía ver el cuadro completo.

Los adultos también muchas veces luchamos con cosas similares.

No obstante, Dios declara que Él es como ningún otro.  Crea la luz y las tinieblas, la paz y la calamidad y lo hace todo (Is.45:7).

¿Cómo, entonces, podemos tener una percepción precisa de Dios?  

Comenzando por leer toda la Biblia, no sólo las porciones que nos agradan.

En lugar de culpar a Dios por el pecado, podemos confiar en que de la calamidad sacará algo bueno.

Pero sobre todo, hemos de creer en Jesús y en su sacrificio por nuestro pecado en la cruz.

Es en el calvario donde vemos tanto la justicia como la misericordia de Dios

Mirar a la cruz, nos ayuda a ver el cuadro completo.

La justicia y la misericordia de Dios se intersecan en la cruz.

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