martes, 11 de agosto de 2015

||>> He venido a ayudar.

(Por Randy Kilgore)
☆ Leer: Santiago 1:19-27 ☆
"Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores…" (v. 22).

La vívida descripción del periodista "Jacob Riis" de la pobreza en la ciudad de Nueva York en el Siglo XIX (S.19) horrorizó a un público generalmente complaciente. 

En su libro, combinaba el texto con fotografías, a fin de que el cuadro fuera tan real que el público tomara conciencia de la angustiante existencia de la pobreza.

Por ser el tercero de quince hermanos, pudo escribir con tanto realismo porque había vivido en ese mundo de terrible pobreza.

Poco después de publicar su libro, recibió una tarjeta de un joven que comenzaba su carrera política, que decía simplemente: He leído su libro y he venido a ayudar. "Teodoro Roosevelt".

Este político llegó a ser presidente de los Estados Unidos.

Según Santiago, la fe verdadera responde a las necesidades de los demás (1:19-27).

Que nuestro corazón sea impulsado de la inacción a la acción, de las meras palabras a obras que las respalden.

Los actos compasivos no solo ayudan a los hundidos en las dificultades de la vida, sino que también pueden ponerlos en condición de recibir el mensaje de nuestro Salvador, quien ve sus necesidades y puede hacer mucho más por ellos.

● Señor, es tan fácil sentirnos abrumados, o juzgar a otros y negarnos a ayudar. Que veamos más allá de nuestros conceptos y circunstancias, y nos interesemos como tú lo haces.

>> Los demás sabrán qué significa «Dios es amor» cuando lo vean en nuestra vida.

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||>> Primeros auxilios.

☆ Lectura: Isaías 58:1-12 ☆

Una mujer hablaba muy emocionada a unas amigas acerca del valor de una clase de primeros auxilios a la que había asistido hace poco.  

Decía: “Justo ayer iba conduciendo, cuando oí un ruido horroroso de un auto que chocó violentamente.  

Estacioné mi automóvil, corrí hacia el lugar del accidente, dándome cuenta que el auto había chocado contra un poste del alumbrado.  

Cuando me acerqué para ver si había heridos, vi al conductor ensangrentado. Se me aflojaron las rodillas y no sabía qué hacer.

Pero de repente recordé algo que había aprendido en mi curso de primeros auxilios.  

Inmediatamente me incliné y coloqué la cabeza entre las rodillas… ¡y dio resultado! ¡No me desmayé!”

Esa no era la conclusión que esperabas, ¿verdad?.

De la misma forma, los israelitas no habían comprendido las implicaciones mayores de su adiestramiento espiritual.  

El profeta Isaías los acusó de mirar por sus propios intereses al tiempo que ignoraban las necesidades de los demás.

Su entusiasmo por Dios no era nada más que un ritual vacío.

La evidencia condenatoria de su negligencia pecaminosa eran los pobres, los hambrientos y los afligidos que había entre ellos y que seguían estando oprimidos y carentes de ayuda.

La verdadera cristiandad es más que mostrar amor por la sana doctrina y por la adoración correcta.

Incluye los primeros auxilios al prójimo, es llevar el mensaje de salvación a quien no lo ha oído, debe haber un equilibrio entre la edificación y la evangelización.

Cuando esto no sucede es evidencia de que no estamos llevando a la práctica nuestro entrenamiento.

Cuando de llevar las buenas nuevas a otros se trata, algunos no se detienen ante nada.

¿Tenemos un corazón deseoso de aprender más de Dios, para compartir las innumerables maravillas de nuestro Señor con otros?

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