martes, 25 de agosto de 2015

||>> Un estilo de vida perdonador.

(Por Dr. Charles Stanley -
Ministerio en Contacto)
☆ Leer: Efesios 4.29-32 ☆

Mostrar misericordia a quienes nos lastiman no es propio de la naturaleza humana; es más fácil enojarse y seguir así. 

Justificamos nuestra falta de perdón señalando la injusticia que hubo, o el daño hecho.

Pero Dios nos manda a ser misericordiosos (Lucas 6:36).

Quienes hemos probado la misericordia divina, debemos practicar un estilo de vida perdonador.

¿Por qué, entonces, no obedecemos? Porque, a veces, nuestro orgullo nos lo impide.

Nos enojamos cuando somos tratados con irrespeto, subestimados cuando surge una oportunidad de ascenso en el trabajo, o pasados por alto a pesar de nuestro desempeño.

Otras veces, pensamos solo en la falta de disposición para cambiar de otras personas, y no perdonamos hasta que mejoren su proceder.

O algunas veces hemos sido muy lastimados o tratados injustamente.

Tenemos la mente tan llena de dolor, que nos quedamos atascados en el pasado. No vemos que sea posible perdonar.

Una actitud rencorosa puede tener todo tipo de consecuencias no deseadas, entre ellas relaciones rotas, esclavitud emocional, e indiferencia para con el Señor.

Cuanto más nos aferremos a nuestro enojo, más afectada se verá nuestra comunión con otras personas y con nuestro Padre celestial, a parte, de resentirse nuestros cuerpos (salud física).

Con el tiempo, podemos volvernos amargados y hostiles, lo que desde luego no corresponde con lo que somos en Cristo.

Es difícil perdonar a quienes nos calumnian, tratan mal, o hieren a nuestros seres queridos.

Pero el comportamiento de ellos para con nosotros no es una razón para negarles la misericordia.

Dios nos llama a perdonar, así como Él nos perdonó; con su ayuda, podemos hacerlo.

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||>> Estar al lado.

(Por Bill Crowder)
☆ Leer: 2 Corintios 1:3-11 ☆
«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo […] el cual nos consuela…» (vv. 3-4).

Cuando a mi hermana Carole le diagnosticaron cáncer de mama, toda la familia se preocupó.

Las cirugías y los tratamientos nos hicieron temer por su bienestar, lo cual nos llevó a orar por ella. 

Durante los meses siguientes, fue sincera al ponernos al tanto de los desafíos, pero todos nos alegramos cuando llegó el informe de que los tratamientos habían tenido éxito.

¡Estaba recuperándose!

Menos de un año más tarde, mi hermana Linda enfrentó la misma lucha.

De inmediato, Carole estuvo a su lado para ayudarla a entender qué esperar y cómo prepararse para lo que vendría.

Su propia experiencia la había equipado para acompañar a Linda en su prueba.

Esto es lo que Pablo nos dice que debemos hacer en 2 Corintios 1:3-4: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios».

Gracias al Señor que Él no desaprovecha nada. 

Nuestras luchas no solo nos dan la oportunidad de experimentar su consuelo, sino que también nos abren la puerta para compartir ese consuelo con otras personas que sufren.

¿Cómo puedo alentar hoy a alguien que sufre?

● La presencia de Dios nos consuela; nuestra presencia consuela a otros.

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||>> Todo tiene su tiempo (wakeup & go).


☆ Eclesiastés 3 ☆ Isaías 42:1-9 ☆

Buenos días hermanos/as.
Bendiciones!

Pues ya se terminó mi descanso por orden del maestro, el jefe Supremo (1 día más que suficiente y se lo agradezco también) :D.

Recién me desperté y lo primero que hago al escuchar su llamado sin temor alguno: David. David. Despiértate. Hay mucho que hacer.

Y así es hermanos. Mi MAYOR deseo es que se cumplan sus deseos y sus sueños, a través de mi. No los míos para mi propio beneficio. Sino los suyos solo.

● Todo viene de Ti Papá!! Y todo vuelve a Tí!!

Hermanos. De momento os dejo con un precioso susurro matutino de MiAmado.

En las manos del maestro estoy. A su servicio.

Bendiciones!
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☆ Isaías 42:1-9 ☆ (TLA)
«Dios dijo: «¡Miren a mi elegido, al que he llamado a mi servicio! Él cuenta con mi apoyo; yo mismo lo elegí, y él me llena de alegría. »He puesto en él mi espíritu, y hará justicia entre las naciones. Mi fiel servidor no gritará, no levantará la voz, ni se le oirá en las calles.  No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando. Al contrario, fortalecerá a los débiles y hará que reine la justicia.  No tendrá un momento de descanso hasta que haya establecido la justicia en esta tierra. ¡Los países de las islas del mar esperan recibir sus enseñanzas!»  Dios le dijo a su fiel servidor: «Yo soy Dios, yo soy el creador del cielo; yo soy quien formó la tierra y todo lo que en ella crece; yo soy quien da vida y aliento a los hombres y a las mujeres que habitan este mundo.  »Yo soy el Dios único; yo te llamé y te tomé de la mano para que hagas justicia, para que seas ante mi pueblo señal de mi pacto con ellos, para que seas ante las naciones la luz que las ilumine.  »Esto quiero de ti: que abras los ojos de los ciegos, que des libertad a los presos, y que hagas ver la luz a los que viven en tinieblas.  »Yo soy el Dios todopoderoso. Ése es mi nombre. No permito que otros dioses reciban la honra y la alabanza que sólo yo merezco recibir.  Lo que antes anuncié ya se ha cumplido, y ahora les anuncio cosas nuevas que aún están por ocurrir».»