lunes, 17 de agosto de 2015

||>> Ayudante silencioso.

(Por Julie Ackerman Link)
☆ Leer: Isaías 25:1-9 ☆
«… Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas…» (v. 1).

El descubrimiento de la "penicilina" revolucionó el mundo de la medicina. 

Antes de la década de 1940, las infecciones bacterianas solían ser mortales.

A partir de ese momento, esta droga ha salvado una innumerable cantidad de vidas al destruir las bacterias perjudiciales.

El hombre que reconoció su potencial y la desarrolló para su uso masivo ganó el premio Nobel en 1945.

Mucho antes de este descubrimiento, otros ayudantes silenciosos trabajaban salvando vidas en forma similar: los glóbulos blancos.

Estos arduos trabajadores son la manera en que Dios nos protege de enfermedades.

Nadie sabe cuántas invasiones han detenido ni cuántas vidas han salvado. Aun así, poco se los reconoce por toda su labor.

Al Señor lo tratamos igual.

A menudo, lo culpamos cuando algo sale mal, pero raras veces lo reconocemos por lo que anda bien.

Todos los días, nos levantamos, nos vestimos, vamos al trabajo, a la escuela o al supermercado, y regresamos a casa sin problemas, pero no somos conscientes de cuánto nos ha protegido Dios.

Sin embargo, si sucede una tragedia, preguntamos: «¿Dónde estaba Dios?».

Cuando pienso en todas las cosas maravillosas que el Señor hace silenciosamente por mí cada día (Isaías 25:1), mi lista de alabanzas es mucho más larga que la de mis peticiones.

¿Qué le vas a agradecer hoy a Dios?

● Dios sigue dándonos motivos para alabarlo.

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||>> Esperanza en medio de la desesperanza.

☆ Lectura: Lament. 3-5 ☆

● Desesperanza: La encontré en un hombre amargado que me dijo: “No trate de convertirme ni ore por mí.

Cuando muera, al único sitio a donde iré es 2 metros bajo tierra”. Este hombre necesitaba esperanza.

La gente como él, que está lista para renunciar a todo, la puede encontrar.  Sólo está a una oración de distancia.

Un pastor se reunió con una madre de tres niños pequeños mientras visitaba un hospital.

Su esposo estaba muriendo de las heridas que le produjo un accidente automovilístico, y ella no tenía a nadie a quien recurrir.

Cuando el pastor le explicó el plan de salvación de Dios, ella escucho intensamente.  

Luego oró con él y depositó su confianza en Jesús.

Aún no sabía cómo iban a salir las cosas, pero su oración de fe le había dado esperanza.

Hoy, mediante nuevos amigos creyentes, Dios la está cuidando.

Acabamos de ver en Lamentaciones 2, que la situación parecía desesperada.

Por las calles de Jerusalén se esparcían los cuerpos de victimas muertas por los babilonios invasores.

No había alimentos para el pueblo que quedó.

Los pocos que sobrevivieron atendieron el llamado del profeta al arrepentimiento y la oración.

Sabemos que años después las cosas mejorarían y pudieron regresar del exilio.

En medio de las lamentaciones aparece un destello de esperanza, y al fin del libro también.

Es una característica de las Escrituras, que siempre nos apuntan hacia la fe en Dios.

¿Parecen desesperadas las circunstancias en que te encuentras?

No te rindas, mientras tengas una oración, tienes una verdadera esperanza.

1.  ¿Dónde empieza Jeremías a orar a Dios? ¿Cuándo comienza a tener esperanza? ¿Qué nos enseña esto? ¿Cuáles atributos divinos le dan esperanza?

2.  ¿Cuáles son los elementos de la oración que tú observas a lo largo del capítulo 3?

3.  ¿Cómo explica el profeta la razón para el castigo tan devastador?

4.  Al leer estos capítulos, aprendemos cómo deberían ser nuestras oraciones o peticiones:
A) Mostrando primero nuestro arrepentimiento, y reconociendo nuestra necesidad de Dios.

B) ¿Cómo inicia Jeremías sus peticiones? ¿Cómo termina sus peticiones? ¿En qué se estriban sus esperanzas? (Hebreos 12:5-10).-

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