Más de 150 víctimas y familias tocadas por otro ataque terrorista.
Dios mio... donde va a terminar esta raza desviada de tu creación?
Tanto trabajo queda aún para ver TuGloria al completo papá!!
#VENSEÑORJESUS!!
«Y haciendo víctimas han bajado hasta lo profundo; por tanto, yo castigaré a todos ellos.»
☆ Oseas 5:2 (RV1960) ☆
«Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.»
Dios ha dado a sus hijos el privilegio de acudir a Él para todas sus necesidades; aun más, ha prometido responderles.
También ha incluido el derecho que tenemos de hacerle peticiones en favor de los demás.
La Biblia nos dice que la oración del justo puede mucho (Santiago 5:16).
Para ser considerados justos a los ojos del Padre, tenemos que haber aceptado su regalo de salvación.
Antes de ser redimidos, éramos personas inicuas bajo condenación (Efesios 2:1,3).
Pero, por la fe en Cristo como nuestro Salvador, somos hechos nuevos y declarados santos delante de Él.
Entonces, para que nuestras peticiones sean poderosas y eficaces, tienen que estar de acuerdo con su voluntad
(1a Juan 5:14,15).
El secreto para hacer peticiones que se ajusten a su plan es conocer el carácter y las prioridades del Padre celestial.
Elías es un buen ejemplo de alguien que oraba con autoridad.
El Señor lo envió a enfrentarse al impío rey Acab y a los 450 profetas de Baal.
Se trataba de un conflicto espiritual para demostrar quién era el Dios verdadero: Baal o el Señor de Israel.
Las armas de Elías eran su conocimiento del plan del Padre celestial, y la autoridad que tenía en la oración como profeta de Dios.
Su petición, hecha públicamente delante de sus adversarios, armonizaba con la voluntad del Señor de que supieran quién era Jehová (Éxodo 7:5; 1a Reyes 18:37).
Cuando Dios respondió la oración de Elías,
el pueblo declaró:
“¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!”
(1a Reyes 18:39).
¿Es usted hijo de Dios?
Si lo es, puede orar con autoridad y poder, con la seguridad de que sus peticiones están de acuerdo con la voluntad del Señor.
El agotamiento es un resultado del exceso de compromisos y responsabilidades.
En nuestro esfuerzo por lograr todo lo que esperamos, tratamos con frecuencia de ir más rápido y de atiborrarnos de tareas.
Pero, al hacerlo, terminamos emocional y físicamente agotados.
El Señor ofrece un estilo de vida radicalmente diferente, y además renueva nuestras fuerzas y vigor.
Quienes esperan en el Señor tienen la promesa de su poder sobrenatural.
De hecho, la Biblia dice que ese poder superará la fuerza y el aguante de los jóvenes.
El acceso a este poder divino se logra, no yendo más rápido sino más despacio, deteniéndonos para sacar tiempo y concentrarnos en Dios, buscar su dirección, y pedir su poder para llevar a cabo lo que nos encomienda.
Cuando era más joven, me agotaba debido a mi impaciencia, tratando de sacar adelante al ministerio a mi manera y en mi tiempo.
Desde entonces, he aprendido que cuando hago una pausa y me humillo ante el Señor, reconociendo que no tengo fuerzas sin Él, Dios me sostiene emocional y espiritualmente.
No hay ninguna explicación humana para lo que Dios quiere y puede hacer en un cuerpo humano rendido a Él.
Su Espíritu Santo es como el viento debajo de nuestras alas, que hace posible que nos remontemos como las águilas.
La próxima vez que esté al borde del agotamiento, tómese un tiempo para centrarse en el Señor.
¿Está usted caminando al ritmo de Dios, o se le ha adelantado?
Vaya de la mano del Señor, y haga suyo el poder que ofrece sin restricciones a quienes andan obedientemente dentro de su voluntad.