jueves, 16 de julio de 2015

||<< Corazones transformados >>||

(Por Lawrence Darmani)
☆ Leer: Ezequiel 36:22-31 ☆
"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón…".
- Proverbios 4:23.-

A comienzos de la década de 1970, en Ghana, apareció en las paredes y las carteleras públicas un póster titulado «El corazón del hombre».

En una de las imágenes, varias clases de reptiles (símbolos de lo malo y despreciable) llenaban la pintura con forma de corazón, coronada con la cabeza de un hombre sumamente infeliz.

En la otra, el corazón estaba limpio y sereno, con la cabeza de un hombre contento. La leyenda decía: «¿Cómo está tu corazón?».

En Mateo 15:18-19, Jesús explicó qué contamina a una persona: «lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias».

Así está el corazón separado de Dios; condición en la que se encontraron los israelitas cuando fueron exiliados a causa de sus pecados (Ezequiel 36:23).

La promesa de Dios en Ezequiel 36:26 es hermosa: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne» (ver también 11:19).

Esta misma promesa se aplica a nosotros hoy. 

Alabemos al Señor por tan maravilloso don.

Abba. Padre. Que mi vida refleje tu bondad y que los demás vean la diferencia que un corazón nuevo has hecho en mí.

>> Para empezar de nuevo, pídele a Dios un nuevo corazón.

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||<< De excursión >>||

☆ Lectura: Isaías 46 ☆

Después de haber caminado él y su padre casi 5 de los 6 kilómetros que recorrerían en su excursión, el niño pequeño de 5 años estaba cansado y ya tropezaba en el camino.

Aun así, insistía en llevar la cantimplora de su padre.  

Finalmente el pequeño con lágrimas en sus ojos, dijo a su padre: “¡Papi, por favor. Cárgame!”.

Así, el padre alzó al niño y se lo puso sobre los hombros.  

Cuando llegaron y bajó al niño, este exclamó: “¿Viste papi? Lleve la cantimplora todo el camino.”

Nuestra primera respuesta podría ser, sonreír ante la ingenuidad del pequeño, pero en la respuesta de su hijo, el padre vio algo de su propia actitud hacia Dios.  

Nuestro Padre Celestial nos ha invitado a que echemos toda nuestra ansiedad sobre Él (1 Pedro 5:7).

Sin embargo, insistimos en pensar que podemos hacerlo por nosotros mismos, aferrándonos con fuerza a esas preocupaciones y dándonos el crédito después que sobrevivimos alguna dificultad.

A través del profeta Isaías, el Señor le recordó a Israel que Él los había llevado desde su nacimiento como nación (Is. 46:3-4).

No obstante, ellos se habían enorgullecido y vuelto autosuficientes, por lo cual, si persistían, irían de camino al desastre.

Dejemos de engañarnos. Somos débiles y Dios es fuerte.

Si le entregamos nuestras “cantimploras” experimentaremos Su paz y bendición.

Dios cuida a aquellos que saben que no pueden cuidarse a sí mismos.

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