sábado, 25 de julio de 2015

||<< No te calles >>||

(Por Randy Kilgore)
☆ Leer: Lucas 22:54-65 ☆
"… Y Pedro le seguía de lejos (v. 54)".

Cuando escucho historias de jóvenes que han sido acosados socialmente, noto que hay, al menos, dos niveles de daño.

El primero y más evidente surge de la naturaleza malintencionada de quienes los acosan.

Esto es esencialmente terrible. Pero hay otra herida más profunda que puede terminar siendo más dañina que la primera: el silencio de los demás.

Daña al intimidado porque lo abruma que nadie quiera ayudarlo.

A menudo, esto intensifica el descaro y la maldad de los amedrentadores. Y, peor aún, aumenta la vergüenza, el sentimiento de culpa y la soledad de la víctima.

Por eso, es imperativo defender al que sufre y condenar el comportamiento de los agresores (ver Proverbios 31:8a).

Jesús sabe perfectamente lo que se siente al ser acosado y abandonado en el sufrimiento.

Sin causa, lo arrestaron, lo golpearon y se burlaron de Él (Lucas 22:63-65).

Mateo 26:56 declara que «todos los discípulos, dejándole, huyeron». Incluso Pedro, uno de sus amigos más cercanos, negó tres veces conocerlo (Lucas 22:61).

Aunque otros no puedan entender por completo, Jesús sí lo hace.

Cuando veamos que hieren a otros, podemos pedirle al Señor que nos dé valor para hablar sin temor.

● Señor, haznos valientes para defender a los que lo necesitan. Ayúdanos a mostrarles que tú entiendes su dolor y soledad.
Amén!

>> La voz de un creyente valiente, es el eco de la voz de Dios.

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||<< Como el vapor >>||

☆ Lectura: Colosenses 4:2-13 ☆

Una misionera en Haití recibió de su médico la noticia de que podría tener cáncer. Le hicieron una biopsia y la mandaron a analizar.

Mientras esperaba los resultados se sentía llena de temor y no podía encontrar la paz.

Entonces, una noche, su ansiedad desapareció de repente como el vapor del café que disfrutaba.

Sintió la convicción profunda e inefable de que el Señor cuidaría de su esposo y de sus hijos y satisfaría sus necesidades emocionales, independientemente de cuál fuera el resultado.

Mientras meditaba en eso, recordó que era miércoles por la noche, noche de oración en su iglesia en los Estados Unidos.

También rememoró la promesa de oración por parte de sus amigos que habían recibido la noticia de la potencial crisis.

Estos hechos convencieron a esta fiel misionera, de que Dios le había dado una oportunidad de percibir la respuesta a sus oraciones que otros habían hecho por ella, ahora estaba segura de que cualquiera que fuera la respuesta, había hallado paz en el Señor.

Luego de unas semanas recibió el informe médico con las maravillosas nuevas de que no tenía cáncer.

Este incidente de la vida real lleva consigo un recordatorio necesario a todos los que somos creyentes.

El énfasis que se le da a la oración en Colosenses 4, destaca la clase de apoyo que deberíamos darnos mutuamente.

Oremos por las necesidades de los demás y luego estemos atentos y aceptemos la voluntad del Señor, ya sea que su respuesta sea afirmativa, negativa o de espera.

Para influir en la gente respecto a Dios, ora a Dios por la gente.

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