(Por Julie Ackerman Link)
☆ Leer: Jn. 4:7-15, 28-30 ☆
"… envi贸 Dios a su Hijo […] para que el mundo sea salvo por 茅l (Juan 3:17)".
El coro "Saint Olaf" es famoso por hacer buena m煤sica.
Una raz贸n de su excelencia es el proceso de selecci贸n, ya que los postulantes no solo son elegidos por lo bien que cantan, sino tambi茅n por c贸mo suenan en conjunto con los dem谩s.
Otra raz贸n es que todos hacen del coro su prioridad, y se comprometen a ensayar con rigurosidad y a cumplir con las presentaciones.
Algo que me intriga de este coro es lo que sucede en los ensayos: cuando alguien comete un error, levanta la mano.
En vez de tratar de esconder la equivocaci贸n, ¡avisa!.
Esto permite que el director ayude a cada integrante a aprender la parte dif铆cil, lo cual permite que la interpretaci贸n sea perfecta.
Pienso que esta es la clase de comunidad que Jes煤s estaba estableciendo cuando le dijo a Nicodemo que Dios enviaba a su Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo (Juan 3:17).
Poco despu茅s, se encontr贸 junto a un pozo con una samaritana, y esta mujer no dud贸 en admitir su pecado cuando el Se帽or le prometi贸 que disfrutar铆a de una vida mejor porque 脡l la perdonaba (Juan 4).
Como miembros del cuerpo de Cristo, no deber铆amos tener miedo de admitir nuestros errores, sino tomarlo como una oportunidad de experimentar y disfrutar juntos el perd贸n divino.
● Se帽or, que no escondamos nuestras faltas, porque t煤 nos amas y nos perdonas.
>> Para dejar atr谩s nuestro pecado, tenemos que estar dispuestos a enfrentarlo.
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